Mezquita At-Taqwa: En el origen del Islam en Granada

15/09/1995 - Autor: CDPI - Fuente: Verde Islam 2


Granada es en verdad una ciudad donde aún resuena una Recitación antigua, honda, salida de pechos atormentados y sin embargo fieles. Los sonidos los lleva y los trae el aire. Y el aire algunas veces en plazas recoletas los remansa: cuando, de la misma forma que la sierra de Grazalema hace con las nubes, que no deja que se vayan hasta que llueven, así determinados lugares de Granada atrapan la etérea carga y en el aire la tienen suspendida para deleite y conmoción de los seres atentos.

Tambien en el aire detenido se oyen, desvaidas, las terribles imprecaciones de los genocidas, el crepitar del fuego y la risa bendita de niños luchando. Pero otras voces, las mas patentes de este palimpsesto sonoro, se sobreponen con sus registros rajados a la melodia inquietante y bella de Granada, por ejemplo el colectivo de intelectuales raciales 220, probablemente unamunianos muy rezagados, enamorados de la zarzuela, el machaco, los toros y una mano de tute con los amigos, el pariente leido y escribido de los Covadonga, que defiende un Albaicín castizo y siembra maldades sin cuento entre el personal al atacar a los extranjeros y a los musulmanes a los que acusa de deteriorar la imagen que se han confeccionado los muy castizos del antiguo barrio... musulmán. Y va uno por calle Elvira y entra al barrio Patrimonio de la Humanidad por Caldereria, por cualquiera de ellas, la nueva o la vieja y la recuerda hace pocos años, cuando no había musulmanes ni apenas extranjeros, llena de golfos de la droga y de estupas, oscura, con un comercio autárquico porque nadie de la ciudad se atrevía a deambular por un barrio probablemente castizo pero sucio, infame y ruinoso, prácticamente vacio, peligroso. Y ahora, al visitante que busca la Mezquita para rezar el magrib en este día de otoño, le parece estar en un lugar muy vivo y animado cuando se dirige a Correo Viejo por la Calderería: teterías, pastelerías, tabernas, herbolarios, mucha gente sube y baja, nacionales, extranjeros, del barrio o de la ciudad. El 90% de los negocios son de musulmanes, ellos han revitalizado la vida ciudadana y la ligazón con la gente se va produciendo con el trato y con transacciones correctas. A esos guerreros del 220, el antifaz se lo han vendido sin los agujeritos de ver y por eso no caen en la cuenta de la cuenta que les trae ser un pelín trasnacionales, un punto cosmopolitas, ligeramente elegantes...

El visitante encuentra perfecto el entorno de la Mezquita, el ajetreo de las calles cercanas, el zoco que ha ido surgiendo alrededor. Todo indica que ha habido un desarrollo simultáneo de la Mezquita y el Zoco, una ayuda mútua que nadie ha planificado pero que Allah, subhanahu ua taala, ha querido, y Él es Quien planea. Este espacio urbano islámico resulta muy "creible" y está claro que favorece valores sociales de indudable interés para todos. Para los musulmanes en particular es una referencia ejemplar. La Mezquita At-Taqwa -Temor de Dios- ha sido el baluarte inaccesible al desaliento en los momentos de nuestra historia en que olvidarse, perderse, era una tentación demasiado fuerte. La Mezquita ha resistido a épocas de desamor, de desencuentros. Siempre ha estado ahí, en Correo Viejo, abierta a los viajeros, a los extranjeros y a los nacionales, generosa, impartiendo enseñanza, cobijo dando, alimentando en Ramadán, enterrando a los muertos, cavando el hoyo... Ha sido la Mezquita de la Resistencia y de la Continuidad.

Cuando el visitante traspasa la puerta se congratula de las profundas mejoras que la han convertido en un lugar acogedor y amplio, y una vez dentro la percepción del espacio cambia sutilmente de manera que el edificio pierde presencia y es como si se diluyera dejando un paisaje de corazones atravesados por la misma flecha y el mundo se reduce a un punto que miras en el suelo, donde vas a poner la frente rendida al Señor de los mundos, y, muy juntos en las filas, la Recitación del Imam Hamid se va alojando en tu pecho vacío. Allahu akbar. Que Allah incremente los bienes de todos aquellos que han ayudado a mantener un lugar así. No hay Poder sino el de Allah, el Inmenso.

Los mauritanos

Sheij Hamid y Sheij Abdurrahman: los mauritanos, dos hombres recios, tenaces y sabios del Islam, ulemas, maestros de imames. Vinieron a Granada para enseñar el Camino a los conversos españoles, a petición de éstos. Año de 1.981. Llegaron cuando aquél grupo cerrado y extravagante, la Tariqa Darqawi, comenzaba una crisis de la que no se recuperaría, una crisis debida al propio crecimiento y a los consiguientes problemas que acarrea: división de opiniones, tendencias encontradas, autoridad arbitraria e irresponsable. Pronto se vieron metidos en el fragor de la guerra granadina, muy a su pesar seguramente pero inevitable. Eran los tiempos de Islam o tariqa: un camino abierto, amplio, o uno cerrado, angosto; y estaba ocurriendo que los que salían, o eran expulsados de la cofradía, recién convertidos al Islam, sin enseñanza, o quedaban solos, sin lugares donde encontrarse, dispersos.

Fue en ese contexto donde los sheijs trabajaron. Cuando cayeron en la cuenta no dudaron en ponerse de parte de los afrentados, de los humillados y ofendidos por un quehacer elitista, vagamente ridículo y claramente inmisericorde. Se encastillaron en la Mezquita, qué buen cuartel para tan larga guerra, y día a día, salat a salat, Ramadán tras Ramadán, siempre al pie del cañón, convirtieron la mezquita de Correo Viejo, la mezquita At-Taqwa en una obligada referencia para los musulmanes de pensamiento libre, interesados en el modelo de Muhammad y en el Libro de Allah, la gente de Kitab ua sunna. Porque en ese tiempo había una falacia que estaba adquiriendo apariencias de verdad incontestable: se decía que para interesar a los no musulmanes en el Islam había que ablandarlos un poco con el sufismo, la mística, el esoterismo... y con el amigo Gurdieff.

Estos ulemas mauritanos han sido para los musulmanes granadinos un gran regalo y han resistido las calumnias y la animadversión con entereza. Su obra mejor es la enseñanza continuada que han impartido a todo el que ha querido recibirla y la contribución decisiva que han hecho para que la Mezquita At-Taqwa sea hoy lo que es: un ámbito acogedor para cualquier clase de musulmán o musulmana.

Verde Islam quiere mencionar aquí la labor callada y persistente de Abdel Karim Abu Mansur, dirigente de la Mezquita que ha contribuido también decisivamente a la consolidación definitiva de At-Taqwa. Asimismo es de justicia resaltar la generosidad de las autoridades islámicas de los Emiratos Árabes Unidos, representadas ante nosotros por el Dr. Assudín, cuya contribución económica ha permitido la compra del edificio, su rehabilitación y mantenimiento. Que Allah los recompense en este mundo y en el Otro.

Para hablar de estas cosas hemos entrevistado a Sheij Hamid Umar al Waly, imam de la mezquita.

Padre de cuatro hijas. 50 años de edad. Pertenece al fiqh maliki.

¿Cómo llegó usted a Granada? Cuéntenos su peripecia.

Antes de llegar a Granada estaba en los Emiratos Árabes Unidos enseñando a los imames. Conmigo estaba también Sheij Abdurrahman. Entonces nos llegó la orden de que nos trasladáramos a Granada. La designación se concretó a través del Presidente del Gobierno de la Sharia, equivalente a Ministro de Justicia, de EAU, el Sheij Mubarak, y a petición suya.

Fuimos recibidos en Madrid por personal de la Embajada árabe y posteriormente nos trasladamos a Granada.

¿Qué es lo que encontró aquí? ¿Cuál era la situación de los musulmanes españoles entonces? ¿Qué es lo que recuerda de aquellos tiempos, hace ya quince años más o menos?

Cuando llegamos estaban esperándonos en el aeropuerto un grupo de la comunidad de Sheij AbdelQader, el inglés. Fue esta Comunidad la que solicitó nuestros servicios a las autoridades de Emiratos.

Recién llegados no conocíamos la situación y durante un tiempo escuchábamos a unos y a otros con objeto de formarnos una idea ajustada de los asuntos. Llegamos a distinguir dos grupos: uno amplio, muy compacto y disciplinado y otro, que aumentaba en número constantemente, integrado por musulmanes de diversa índole, con comportamientos diferentes y que no estaba aglutinado.

Observé que el grupo de AbdelQader no estaba abierto a todas las tendencias, a los musulmanes que podían aportar cosas: era un grupo cerrado, restringido.

Hubo un cambio en la Yama´a de Sheij AbdelQader: unos se fueron y otros fueron expulsados por orden de AbdelQader. La gente que no pertenecía a su círculo no era admitida, no era aceptada. No albergaba a todas las clases de musulmanes: el débil, el más fuerte, el más preparado, el menos preparado. No aglutinaba. Había mucha gente que estaba fuera, algunos muy preparados: el Dr. Umar Abdellah, Umar Faruk, imám de la Mezquita de Málaga, el Dr. Mansur, Umar Coca, Zakaria al Kurtubi, gente fuerte, pero otros débiles también que no eran aglutinados por esa comunidad y se encontraban dispersos. Empezamos a ver la necesidad de darles precisamente a ellos una enseñanza y que esto era más interesante que continuar en ese grupo de AbdelQader que seguían unas directrices muy concretas, unas consignas y no abierto para todos los musulmanes en general. De cualquier forma, ya no éramos bien vistos en la comunidad de Sheij AbdelQader desde el momento en que nos dimos cuenta de que se estaban discriminando a los musulmanes para entrar en la Comunidad y se les expulsaba de ella sin razón. A raíz de estas continuadas fechorías optamos por comunicar la situación a los Emiratos y, al venir aquí Assudin para informarse in situ del conflicto, quiso ir con Sheij Abdurrahman y conmigo y con el Dr. Mansur a la madraza, donde vivía AbdelQader. Fuimos, llamamos a la puerta y no fuimos recibidos, no nos abrieron la puerta. No sé si es que no oyeron nuestros takbir, ni el timbre, ni los aldabonazos... No sé si no oyeron o es que no quisieron recibirnos, no sé...

Me di cuenta claramente de que lo primordial era aglutinar y pensé que lo adecuado era potenciar un lugar para acoger a toda esa gente que no estaba conforme de ninguna manera con los procedimientos de Abdelqader y entonces fue cuando empezamos a potenciar la Mezquita At Taqwa, que es donde nos encontramos ahora.

¿Cuáles son las necesidades más acuciantes de los musulmanes en Granada?

La necesidad más imperiosa desde el principio es la unidad, potenciar la unidad en base, por ejemplo, como es el caso ahora, a la publicación y difusión de una revista o de otra forma que salvaguarde el principio esencial: que sea capaz de aglutinar, que sirva para reunirse y juntarse para un objetivo común, esto es lo más importante de todo.

La segunda cuestión, que es ya de carácter individual, en el sentido de que es una necesidad y a la vez una carencia que se observa desde el punto de vista individual de la falta de un aprendizaje por parte de cada musulmán y una falta de continuidad en el aprendizaje.

Otra de las necesidades es la cuestión de la mujer musulmana: necesita acudir a la Mezquita, estar presente en las conferencias, potenciar las reuniones de mujeres, tanto en casas particulares como en la mezquita.

Desde aquellos años del principio hasta hoy ha habido seguramente una evolución. Háblenos de ella.

He observado una evolución positiva a pesar de la falta de continuidad en el aprendizaje por parte de muchos musulmanes. He visto un fortalecimiento del Islam en general y una tranquilidad en las relaciones, se han calmado los ánimos y particularmente aquí, en la Mezquita At Taqwa, se ve esto muy bien.

¿Qué papel ha jugado la Mezquita At Taqwa en toda esta historia?

La primera cuestión en cuanto al papel de la Mezquita es aglutinar a todas las clases de musulmanes, hicieran esto o aquello. El caso es que eran musulmanes, rezaban y se trataba de aceptar a cualquier musulmán por el hecho de haber aceptado el Islam, de haber dicho las dos shahada: la ilaha illa´Allah y Muhammad rasululah. En base a esta cuestión, cualquier musulmán aquí, en la mezquita, no se vería discriminado: ser receptiva y aceptar a todos los musulmanes, fuertes, débiles, españoles, no españoles, fumadores o no, esa era nuestra voluntad y es la misma ahora.

Otra cuestión es que se puede venir a la Mezquita sin aportar nada a cambio, cosa que he observado en otros lugares, que los que acuden tienen que aportar algo, aquí no, aquí la entrada es libre.

Un tercer papel muy importante: la disponibilidad; la Mezquita está abierta las veinticuatro horas al servicio de todo musulmán, viajero, huésped.

Otra cosa, en Ramadán la Mezquita aporta un almuerzo para romper el ayuno a todos los asistentes.

La quinta cuestión, la más importante quizás, es que tanto el Sheij Abderrahman como yo mismo estamos siempre dispuestos, insh´Allah, para cualquier problema que se le plantee a los musulmanes, para dilucidar, aportar juicios, ayudar a establecer pactos, etc.

Para la existencia de los musulmanes de Granada, la Mezquita ha llevado a cabo una labor básica.

Y tenemos una buena ubicación, entre el barrio antiguo, el Albaicín y el centro de la ciudad, es una mezquita céntrica y por esto y por lo demás que he mencionado creo que la Mezquita At-Taqwa ha jugado y juega un papel fundamental en la continuidad y desarrollo del Islam en Granada. Pero Allah sabe más.


Entrevista con Zakaria Al Kurtubi

¿Saben árabe los nuevos musulmanes españoles? ¿Necesitan conocer el árabe para progresar en la Religión? ¿Cómo llegan a adquirir los secretos de la Ciencia? El Enviado de Allah, Muhammad, que la paz y bendiciones de Allah le alcancen, el Profeta Iletrado, animaba a buscar el conocimiento aunque hubiese que ir a China a por él. El Islam promociona sabios y los tiene en la mas alta estima. El estudio y sus frutos, los saberes; la memorización, despreciada aquí por pedagogos inconscientes, se practica desde la niñez y la memoria, que se ubica en el corazón, se convierte en un almacén surtido, ordenado y accesible.

AbderRahman Zakaría el Kurtubi, Manolo Maza, un maestro de Escuela que viaja y sueña, uno que busca -el Islam ha sido para mi el desenlace feliz de una búsqueda- y encuentra. El Mensaje está en árabe purísimo, de sonidos que tu pecho y tu vientre y la garganta recuerdan, vagamente. Zakaría se propone aprehenderlos, hacerlos suyos para luego -maestro de Escuela- coger y enseñárnoslo. Se va a por ellos a Meca. En la Universidad Um al Qura, Madre de los Pueblos, obtiene, al cabo de tres años la Licenciatura en Lengua Árabe y en Ciencias del Islam. Allí, casado y con tres hijos, vive como un estudiante pobre: el que mucho quiere, mucho le cuesta y lo da por bien empleado. Vuelve al cabo con nosotros y se convierte en uno de los activos de la Mezquita at Taqwa. Cada viernes, antes del salat al Yuma´a imparte una clase sobre el Hadiz o el Corán y traduce al español, para los que no conocen el árabe, el jutba que da Sheij Hamid. Dedicado a la traducción de los textos clásicos, destaca en su obra la versión española de la famosa colección de hadices del Imam Nawawi Ar-Riyad as-Salahim, El Jardín de los Justos, de próxima aparición en esta Editorial.

Lo entrevista nuestro Director, Hashim Ibrahim, en Almodóvar del Río, en Córdoba, una mañanita de finales del verano y había que verlos a los dos, visiblemente emocionados por la conversación que mantenían al pié del Castillo que fue llave de Kurtuba.

¿Cómo fue tu encuentro con el Islam?

Necesariamente, mis palabras han de empezar agradeciendo a Allah, Altísimo y pidiendo paz y bendiciones para el profeta Muhammad, como reconocimiento a la grandeza de haber encontrado el Islam, y esto, no como un hecho fortuito que ocurre en un día sino como el desenlace luminoso que sigue a unos cambios profundos, internos y externos, que me van acercando paulatinamente a la salida, como una sucesión de acontecimientos a lo largo de muchos años, viajes, situaciones de encuentro con musulmanes y experiencias en el Sáhara, cuando era todavía colonia española, Marruecos, Siria, Egipto...Todo esto me va acercando a la problemática de los musulmanes, hasta que algo internamente va tomando cuerpo y aparecen vivencias más íntimas e intensas, como los sueños. Más tarde, siendo ya musulmán, comprendí que aquellas experiencias fueron indicaciones muy profundas de Allah, que guía de entre Sus siervos a quien Él quiere, poniéndole signos para que comprenda y llegue al Islam. Encuentro entonces a musulmanes que habían sido amigos míos antes del Islam y que me ayudaron.

¿Cuándo ocurre esto?

En la década de los setenta. Yo trabajaba como profesor de EGB en Córdoba. Me encontraba insatisfecho. Tenía unas condiciones materiales aceptables pero interiormente no había mucho contenido en mi vida, me sentía incompleto, faltaba algo. Sobre todo tenía la necesidad de responderme a dos cuestiones: de dónde vengo y adónde voy. Fueron una constante en ese tiempo y no encontraba respuestas.

Tú has sido un musulmán viajero y has vivido en lugares tan significativos para el Islam, como son las ciudades de Meca y Medina en Arabia, durante varios años. ¿Cómo fueron estos tiempos?

Sí, éste fue el segundo gran regalo despues del Islam. Cuando llegué a Islam vi el mensaje, escrito en árabe, y me pregunté sobre cómo podría entenderlo. Aprender la lengua árabe era el camino más directo para acercarme al mensaje. Tras varios años de aprendizaje en Granada obtuve una beca para estudiar Lengua Árabe en la Universidad de Meca, en la cuna del Islam. Así empecé a transitar los vericuetos que forman el idioma, a conocer las gentes diversas que allí confluyen desde todos los lugares del mundo, desde China hasta América, para encontrarse en esos momentos trascendentales como son el Ramadán, el Hayy o la Umrah. Tambien tuve ocasión de hacer el viaje que hizo nuestro Mensajero, que la paz y las bendiciones sean con él, de Meca a Medina, visitando lugares significativos como el sitio de la batalla de Badr, cerca de Medina. Fue una experiencia muy interesante que me obligó a madurar mucho y que recuerdo con emoción. Esto implicaba un encuentro con la Ummah, con la comunidad de los musulmanes, adquiriendo con ello una perspectiva más profunda de la que anteriormente carecía.

¿Qué diferencia percibes entre el Islam que se vive y practica en estos países donde has vivido y el Islam que comienza a surgir en nuestra tierra?

Esta es una cuestión muy importante. En estos países, en Arabia concretamente, donde hay musulmanes de todos los sitios: sirios, jordanos, palestinos, turcos..., estas gentes observan con atención el resurgir del Islam en Occidente: España, Francia, Alemania, Inglaterra, lugares donde Islam emerge con mucha fuerza. Ellos saben que en ello hay un gran valor, en contraste con la energía que, en muchos casos, se ha perdido entre ellos. Muchos lo reconocen.

El musulmán de Oriente, hoy, mira hacia Occidente, lo imita en las formas, aún conservando sus principios. Se asombra de la tecnología y no se asombra, por ejemplo, de la maravillosa herencia que nos ha dejado el Islam y que está ahí para ser empleada. Sin darse cuenta, además, de que gran parte de esa deslumbrante tecnología procede del patrimonio científico e intelectual del Islam. Estos musulmanes sienten, intuyen o saben que la esperanza está en Occidente, presienten que es aquí donde puede producirse un florecimiento con mayor energía del Islam y que este hecho, incluso, llegue a estimularles a ellos.

Este fenómeno lo he podido constatar en otros lugares. Musulmanes de nacimiento que, desde que tienen memoria, recuerdan y conocen Islam, no lo valoran de la misma manera que aquellos que, tras años de búsqueda, encuentran la solución en Islam. Estos últimos lo valoran más y para ellos supone un estímulo mucho mayor.

Tras ese período de acercamiento profundo a las fuentes, de sumergirte en el Corán y la Sunnah, empezaste a realizar algunos trabajos importantes, entre ellos destaca la traducción de una de las más importantes y clásicas recopilaciones de hadices, Riyad as Salihin, El Jardín de los Justos. ¿Qué ha significado para tí navegar por un texto de esta naturaleza?

Ciertamente es un trabajo importante. Para mí ha supuesto la continuidad en el aprendizaje iniciado en Meca sobre el Islam y la Lengua Árabe. Al comenzar el estudio de la Lengua, uno comprende que ésta es la llave para acceder al conocimiento de las distintas ciencias islámias: Corán, Hadiz, Fiqh, etc. Es un programa al que hay que ajustarse. Cuando ya tienes una cierta soltura, el tomar un libro concreto y trabajar en él traduciéndolo, supone una auténtica aventura intelectual y una escuela en la que has de documentarte constantemente para poder esclarecer los ricos y profundos matices de significado que hay, como en este caso, en el Hadiz, aspectos que son de capital importancia para conocer la forma, la manera ejemplar en que el Mensajero, que la paz y las bendiciones sean con él, encarnó prácticamente los mandatos de la Revelación Coránica, las consecuencias humanas cotidianas y el talante. Esos ejemplos nos sirven hoy como referencia. Tambien está la voluntad de acercar los contenidos de esta obra tan importante del Imam Nawawi a aquellos que no han llegado aún a la Lengua Árabe, a las fuentes.

Las normas de vida islámicas están contenidas en el Corán y componen la Shariah, la Ley. Dependiendo de las distintas escuelas y momentos se ha ido articulando la jurisprudencia, el Fiqh, que trata de aplicar la Ley a las situaciones reales de hecho. Ésta ha sido siempre una cuestión delicada. En una sociedad no islámica y en un tiempo donde se producen situaciones nuevas, al menos formalmente: ¿cuáles serían los criterios que se deberían tener en cuenta a la hora de tomar decisiones?

El musulmán, cuando se vé en una situación nueva en la que ha de elegir entre varias opciones posibles, deberá optar por la más fácil siempre que no comporte una ruptura. En el Islam hay una serie de cuestiones básicas, cinco pilares, en las que las cuatro escuelas más importantes no difieren. Sí existen diferencias en cuestiones menos importantes, simplemente porque alguno de los imames ha entendido la cuestión de una forma determinada, interpretando siempre a partir del Corán y la Sunnah, y otro la ha interpretado de manera diferente. Pero no son diferencias fundamentales. El criterio es simpre tendente a aquella facilidad que no contravenga la Sharía.

¿Podrías describir las tareas habituales que se desarrollan en la Mezquita At-Taqwa?

En relación a la Mezquita de Correo Viejo o Mezquita At-Taqwa, se desarrolla una actividad interesante para los que allí acuden. El hecho de ir a dos o tres salat cada día, implica un contacto entre los musulmanes que es, sobre todo, enriquecimiento: verse, encontrarse en las filas. Esto supone una ruptura temporal con el ambiente de la calle, con las energías que implican la vida social, aquí en Occidente. Es como detenerse a beber en un oasis: recitar Corán en grupo, imbuirse de Realidad Trascendente. La mezquita es un centro que irradia conocimiento. No es un edificio: son los musulmanes que se encuentran en un lugar determinado para adorar a su Señor.

Un día llega un grupo de viajeros de otros países, que traen riqueza espiritual, esa de la que estamos faltos. No surge el encuentro de forma programada. Otro día, en un rincón, alguien está enseñando Hadiz...

Yo recomiendo a todos los musulmanes, a los que vivimos en esta ajetreada sociedad, que protejan y defiendan esos momentos, ese tiempo de acudir a la mezquita a nutrirse.

En la naturaleza de los nuevos musulmanes se halla el hecho de haber nacido y haber sido educados en una sociedad de tendencias crecientemente materialistas y consumistas. ¿Cómo influye esto en la práctica y vivencia del Islam?

En este sentido veo nuestra situación muy positiva y ventajosa, porque el Islam ha sido el feliz desenlace de una búsqueda. Hemos nacido y crecido en un mundo tecnológicamente avanzado, donde no hemos encontrado los contenidos que nos interesan para poder avanzar como seres humanos. En la búsqueda de esas repuestas hemos descubierto en Islam una clara alternativa. Por el contrario, el emigrante cruza el mar pensando que en Occidente va a encontrar la solución a todos sus problemas. Tal vez porque está económicamente deprimido, piensa que aquí, donde tanto se derrocha y consume, podrá encontrar la solución. Esto es, evidentemente una lectura superficial, porque una vez que ha cruzado y está dentro, va a comprobar que la situación implica más problemas que beneficios en la mayoría de los casos.

En cambio, los nuevos musulmanes occidentales conocemos muchos de los aspectos negativos de esa sociedad de consumo, y el Islam es para nosotros una fórmula que nos protege de esas negatividades. Conocemos fórmulas coránicas en la oración que nos protegen de esas negatividades en momentos concretos y específicos.

En síntesis, podemos decir que la situación es muy positiva para nosotros.

¿Crees que el Islam podría dar solución a muchos de los problemas que tiene hoy planteados el ser humano?

Globalmente no lo sé. Tal vez de una forma individual y paulatina, dentro de un proceso en el que la gente vaya viendo las diferencias que implican las distintas opciones que se le presentan. El encuentro con Islam atañe a individuos, a seres que son, en cierta manera escogidos, a quienes Allah inspira y conduce. Muchos se dan cuenta entonces de que era eso precisamente lo que andaban buscando.

La sociedad contemporánea occidental es profundamente caótica, y el Islam pone orden en la vida de las personas. Esto es claro. Uno sabe con seguridad Quién es su Señor y sabe lo que tiene que hacer precisamente. Islam es una educación completa para todos los aspectos de la vida.

Se dice que uno de los problemas estructurales más graves y evidentes de esta sociedad occidental contemporánea es la falta de criterios, la ausencia de valores y referencias claras tanto en lo relativo a los aspectos trascendentes como en lo relativo a la conducta en la vida cotidiana. ¿Crees tú que el Islam puede, aquí y ahora, dar soluciones a cuestiones tales como la injusticia social o la degradación medioambiental?

Sí, por supuesto. Cuando constatamos esa falta de ideología o de creencia y su sustitución por un consumo lleno de ansiedad, nos damos cuenta de que el ser humano desconoce el propósito de sus acciones, creyendo que la finalidad de su vida reside en atesorar cosas o reunir datos. Como en realidad eso no puede constituir una respuesta válida a las necesidades existenciales del ser humano, tenemos un individuo y una sociedad insatisfechos que actúan compulsivamente.

El musulmán ya sabe que su relación con el Creador tiene una forma, su relación con el mundo, con la Creación, tiene otra, muy específica, una manera en la que se contempla el disfrute y el beneficio: disfruta de los dones y beneficios de la Creación, los bienes de la Naturaleza, pero no los maltrata. Sabe que Allah lo ha creado en ese mismo mundo como califa y cuidador, como usufructuario responsable de la tierra. Ha de respetar un mundo del que se está beneficiando: los cultivos, los animales, los bosques, porque de ellos se viste y se alimenta, porque en esa Creación es donde vive. Esas y otras actitudes son cualitativamente diferentes de lo que la cultura y la sociedad occidental han preconizado. En ese sentido la vida islámica en sí misma sería una solución para muchos problemas que son el resultado de una relación equivocada con el medio y con los otros.

De la cultura de consumo al consumo de cultura. ¿Cómo valoras éste concepto del que tanto se habla?

A mí, las ideas de consumo cultural, de consumo de bienes culturales a veces me suenan como contradictorias e incoherentes. No se puede consumir algo tan intangible como la cultura. La cultura no son los objetos que la cultura produce sino el conocimiento que el hombre llega a tener de la realidad y de la Creación. En ese sentido, se va adquiriendo lenta y trabajosamente, pero no se consume. Un ser humano no puede decirse culto porque haya leído muchos o pocos libros, sino por lo que haya aprendido de ellos y de la experiencia suya y de los otros. Esa es una diferencia clara.

Tomando la idea que apuntabas del observador y el observado, ¿cómo crees tú que ven los andaluces a sus conciudadanos musulmanes?

Yo no puedo saberlo porque no estoy en su interior. Me parece que se han dado cuenta de que hemos pasado a otro mundo y estamos en una dinámica distinta, de que tenemos otros valores que rigen nuestra conducta. Yo creo que lo notan. Algunos expresan incertidumbre, otros desearían dar el paso pero no saben cómo hacerlo o no les ha llegado el momento. Muchos nos miran con cierta avidez. Ciertamente, la transición de una existencia no islámica a la vida como musulmanes supone una transacción fuerte, un profundo cambio en la organización de los propios valores y eso siempre supone un proceso.