Patio islámico La Rauda de Granada (Sol Tarrés-Jordi Moreras)


El cementerio islámico de La Rauda de Granada reúne en un mismo espacio varios aspectos significativos: es un ejemplo de reutilización de un camposanto abierto durante la guerra civil para inhumar a los soldados marroquíes que combatieron en el bando insurgente; se trata de una parcela cedida para enterramientos musulmanes, cuyo terreno depende del Patronato de la Alhambra; los aspectos prácticos y religiosos son gestionados por una comunidad musulmana local, mientras que la empresa funeraria municipal, EMUCESA, asume la gestión administrativa del espacio. A esto se añade la singularidad de estar situado en un espacio patrimonial, el Parque Periurbano de la Alhambra y el Generalife.
El cementerio islámico (que acoge a una treintena de soldados marroquíes) fue clausurado en la década de los cuarenta del siglo XX, siendo abandonado tras la contienda, y así continúa hasta mediados de la década de los setenta, cuando la comunidad musulmana vuelve a utilizarlo de forma irregular. Tras una larga negociación entre los musulmanes de la ciudad y las autoridades locales, no exenta de tensiones e inhumaciones irregulares, en el año 2002 se firma un Acuerdo entre el Ayuntamiento, el Consejo Islámico de Granada y EMUCESA. Este Acuerdo establece el uso de la parcela para enterramientos musulmanes durante setenta y cinco años, renovables: en ella pueden enterrarse los musulmanes residentes en Granada y su área metropolitana (integrada por cincuenta y un municipios en la actualidad), o quienes siendo musulmanes fallezcan en la ciudad sin que su cuerpo sea reclamado.

Tras una serie de obras de rehabilitación, acondicionamiento y construcción de espacios destinados a tanatopraxia, salas de espera, aseos, zona administrativa, etc., el espacio funerario se inaugura en enero de 2009. La Rauda de Granada tiene la consideración jurídica de "patio", ubicado en el seno de las demarcaciones del cementerio municipal, aunque se encuentre separado del mismo por mil metros, y cuenta con una superficie cercana a los cinco mil metros cuadrados, de los cuales seiscientos setenta y seis están ocupados por tumbas (en julio de 2010 había un total de ciento treinta y nueve inhumaciones, de las que ochenta están identificadas nominalmente). De su mantenimiento y gestión funeraria (lavado y amortajamiento, tumbas, exequias, limpieza, etc.) se encarga la Comunidad de la Mezquita at-Taqwa, cuyo presidente fue uno de los firmantes del Acuerdo de 2002. La tipología general de las tumbas sigue la práctica habitual en el norte de África: tumbas excavadas en el suelo, con recubrimiento de tierra y señalizadas por un perímetro de piedras. Las más sencillas no tienen ninguna indicación del difunto, mientras que otras cuentan con pequeñas estelas funerarias en las que se señala el nombre del fallecido.

Entre las tumbas singulares de este camposanto se encuentra la de Muhammad Asad, periodista austríaco de origen judío que abrazó el islam en 1927. En su prolongada vida formó parte de importantes proyectos, siendo uno de los impulsores de la creación del Estado de Paquistán. Falleció en la localidad malagueña de Mijas en 1992. La presencia de esta tumba histórica, junto a las de los marroquíes fallecidos en la guerra civil, refuerza el sentido simbólico, patrimonial y de memoria histórica del espacio funerario de La Rauda. Consecuentemente, desde su reapertura se ha puesto énfasis en el uso cultural de este espacio como jardín islámico (requisito planteado por el Patronato de la Alhambra y el Generalife, así como por la legislación vigente relativa al patrimonio histórico español), que debe estar abierto al público varios días a la semana.